No olvides el paraguas

La ciudad (perdida) de los incas

El título puede confundir a los más desprevenidos. La intención de Hiram Bingham al nombrar su obra, La ciudad perdida de los incas, debe de haber sido explicar que tanto para él como para muchos otros investigadores del Hemisferio Norte, la ciudadela del Machu Picchu permaneció ignorada durante casi 300 años. Pero para sus verdaderos propietarios, Machu Picchu nunca se perdió, de hecho fue la ciudad sagrada más importante de la civilización indígena por excelencia de Sudamérica antes de la llegada de los conquistadores.

Haciendo un paralelismo con el uso inadecuado de ciertos términos, al día de hoy, tanto en el continente europeo como en el americano, se le sigue llamando descubridor a Cristóbal Colón, quien en 1492 llegó a tierras hasta ese momento desconocidas por los europeos pero que eran habitadas desde hacía miles de años por distintos grupos indígenas, y gracias a su poderío armamentístico, pudo conquistarlas.  Lo que sí puede decirse que se perdieron fueron las casi cincuenta mil piezas arqueológicas que por orden de Bingham fueron enviadas a la Universidad de Yale, donde era profesor de Historia, para ser estudiadas y no fueron devueltas a su lugar de origen hasta casi un siglo más tarde, después de varios reclamos realizados por los gobiernos peruanos a través de los años.

Dividido en tres grandes partes, el libro es un cúmulo de información recabada por Bingham tras realizar tres viajes a Perú a principios del siglo pasado en el marco de distintas expediciones por América del Sur siguiendo la ruta de Simón Bolívar, con un destacable estudio de campo. Sin embargo, recién terminó de escribirlo al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

 

3 Un pueblo escondido en la cima

En el primero de los capítulos, los constructores, el autor brinda detalles de las distintas y crueles empresas de las misiones cristianas por convertir a los indígenas guerreros, hasta 1572 que fue asesinado Tupac Amaru, el último emperador Inca. En la segunda parte, la búsqueda, aporta un minucioso detalle, aunque con excesiva adjetivación, de su expedición desde Cuzco hasta Choquequirao, el paso previo para llegar al objetivo final que lograría en julio de 1911. Y finalmente, con el título de Machu Picchu, se narra la llegada a la ciudadela en el medio de la selva peruana a más de 2400 metros sobre el nivel del mar, donde había un Templo del Sol y un gran santuario, y su antiguo nombre era Vilcabamba.

Sobre el final, Bingham parece lamentarse de no haber actuado acorde a las costumbres del lugar que visitaba desde un primer momento al afirmar luego de un imprevisto con los habitantes locales: “Encontramos que era necesario adaptarnos a los modos del país”. Tarde. Muy tarde.

BINGHAM, H. (1994). Machu Picchu. La ciudad perdida de los incas. Madrid: Rodas.

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